
Así que, cómoda en su universo paralelo, la alta costura se rige por sus propias reglas. Si en las presentaciones tradicionales los diseñadores suelen cerrar el desfile con un vestido de novia, ayer Jean Paul Gaultier decidió darle la vuelta a esta norma no escrita y llevar a todas las modelos al altar. Su colección fue un ejercicio de reinterpretación del atuendo nupcial, tanto masculino como femenino. La primera maniquí recorrió la pasarela con una montaña de rulos a modo de corona. Después: velos bajo gorras de béisbol, batas blancas de pijama con cola, esmóquines con aperturas en las piernas y esculturales estructuras que reposaban sobra las caderas de los vestidos. Una representación más que metafórica de su compromiso con la alta costura, después de que el pasado septiembre anunciase que abandonaba el prêt à porter. Lo hacía, según confesó a la publicación especializada Women's Wear Daily, hastiado de los frenéticos ritmos impuestos por la industria de la moda que le obligaban a producir una colección prácticamente cada dos meses.
Este miércoles, sin embargo, el espíritu era de celebración. Tras experimentar con los pliegues y las simetrías, su última modelo lucía una pieza mitad vestido de boda, mitad esmoquin. Pero el francés no podía permitirse terminar el desfile como lo harían los demás. El broche final no fue la novia sino el ramo de flores. Uno muy especial: Naomi Campbell transformada en bouquetcon su plástico y su tarjeta de felicitación incluidos. En primera fila, Dita von Teese y Conchita Wurst, que debutó en una pasarela de su mano en julio.
Desfile de alta costura de Elie Saab en París. / ANTONIO DE MORAES BARROS FILHO (WIREIMAGE)
Lo que en Gaultier fue un guiño en Viktor & Rolf se convirtió en norma. La propuesta de la firma holandesa resultaba tan impracticable como impactante. Lo que empezó con un vestido floral armado por un cancán exagerado terminó con una pieza a la que le crecían flores y cuya falda describía un arco completo de 180 grados. Es decir, que las maniquíes podían abrir los brazos en cruz y tocar las puntas de la prenda. Esta colección refuerza su imagen de marca extravagante y arriesgada pero difícilmente dará trabajo a sus talleres de costura, más allá del encargo de alguna coleccionista a la que no le importe caminar de lado, como algunas modelos del desfile.


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